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Biografía

Vida y obra del ilustre
gallego Víctor López Seoane

Víctor López Seoane (Ferrol, 1832-A Coruña, 1900) es el naturalista gallego con la contribución científica más valiosa, un taxónomo salientable en la Zoología europea del siglo XIX. Ejemplares de seres vivos recogidos por él figuran entre las colecciones de los principales museos de Historia Natural de Europa; formó parte de relevantes sociedades científicas europeas dedicadas al estudio de la naturaleza y publicó en diversos idiomas en prestigiosas revistas especializadas. Y en esa intensa actividad, tomó contacto con científicos del máximo nivel, como Raphael Blanchard, Ignacio Bolívar, George Boulenger, Odón de Buen, Lorenzo Camerano, Charles Darwin, Anton Dohrn, Mariano de la Paz Graells, Albert Günther, Ernst Haeckel, Fernand Lataste, Jacques de Bedriaga, Maurice Willkomm, Ragnar Hult, etc. El reconocimiento de su labor se vino plasmado, entre otras cosas, con el nombramiento como uno de los secretarios del primero Congreso internacional de Zoología (París, 1889).

El padre era marino y fue destinado a la comandancia de Vigo, por lo que Víctor estudió en el Instituto de Tui en 1847, pasando al de Santiago, donde obtuvo el título de Bachiller en Filosofía en julio de 1851 y mantuvo contactos con José Planellas (1821-1888), catedrático de Historia Natural de la Universidad de Santiago. Inició los estudios de Medicina en Madrid, que continuó en Andalucia desde 1857, donde prestó especial atención a las Aves de la zona, desarrollando las primeras investigaciones originales; remató la licenciatura en Santiago, en junio de 1861.

Seoane fue un naturalista, estudió los seres vivos desde el punto de vista taxonómico, catalogando las variedades biológicas y buscando otras nuevas, no descritas por la Ciencia. Esa labor se plasmó en numerosas publicaciones y en la descripción de varios taxons de animales (nuevas especies o variedades).

De una manera pareja, confeccionó importantes colecciones de ser naturales, que constituyeron el museo particular más importante de Galicia, y uno de los más destacados de España. Ese museo permaneció muchos años en la Casa Grande de Cabanas (A Coruña) formando una unidad con la biblioteca científica de Seoane y sus notas de trabajo. En el año 1972 la familia decidió depositar la casi totalidad de las colecciones zoológicas al cuidado del Ayuntamiento de A Coruña. Permanecieron expuestas una parte de ellas en los corredores del palacio municipal y otra guardada en los desvanes; posteriormente, 1985, el material se trasladó a la Casa das Ciencias (A Coruña). La biblioteca científica y manuscritos fueron despositados ese mismo 1972 en el Instituto José Cornide de Estudios Coruñeses. Se trata de millares de valiosas cartas y documentos, que incluyen anotaciones de trabajo, dibujos, catálogos, etc

El gusto por la naturaleza fue cuajando en él desde que siendo niño, acompañado por su tía Cándida Seoane, recorría campos ferrolanos en busca de animales. Un coleccionista vocacional ayudado por un ambiente favorable y receptivo. Por eso, llegado el momento, rechazó seguir la tradición familar de la carrera militar en la Mariña y prefirió las aulas universitarias, sacando tiempo de los estudios para dedicarlo a las observaciones naturales.

Se formó científicamente en Madrid, en los años de estudiante de Medicina. En otoño de 1852 accedió a una capital inmersa en la inestabilidad política de la monarquía isabelina y vivió intensamente ese tiempo. El joven estudiante entró en contacto con una sociedad filantrópica, Museo Popular, en 1853 se encargó de la cátedra de Botánica, leyendo, el 14 de noviembre, un Discurso de apertura del Curso 1853-54. Del año siguiente, 1854, será su primera publicación conocida, sobre un grupo de plantas, en La Nueva Estrella (Seoane, 1854). Asimismo, se hizo socio del Ateneo de Madrid, y acudió a las actividades que esta institución desarrollaba sobre materias científicas.

Llegó a Madrid en un momento clave de la Historia Natural española, cuando se estaba abordando en serio la fase de catalogación (Fraga, 2001). Y aprovechó esa coyuntura favorable para su formación como naturalista. Por el año 1854 ya se relacionaba con algunos de los profesores universitarios especializados en los estudios naturalistas. Contactó con el catedrático Mariano de la Paz Graells, con quien mantendría una larga relación (Fraga, 1998), y con el discípulo de este, el profesor de Zoología Laureano Pérez Arcas. Y estableció una singular relación con el naturalista Juan Mieg, antiguo “Profesor y Director de él Real Gabinete de Física de SSMM”.

En ese contexto destacan las actividades de campo desenvueltas por Seoane en 1857, testimonio importante del resurgir de la actividad naturalista en la mitad del siglo (Fraga, 2001). En sus manuscritos están contabilizadas 26 excursiones realizadas en cuatro meses por diversos parajes de Madrid y alrededores, con una duración que oscilaba entre toda la jornada y medio día. Los acompañantes fueron Alfredo Brehm, Reinaldo Brehm, Ricardo Gómez Cortina, Theodor Apetz y Juan Mieg.

Las experiencias madrileñas permitieron a Seoane integrarse en la naciente comunidad científica de los naturalistas. Se dio cuenta de que hacer Ciencia pasaba por formar parte de un colectivo, mantener contactos, reconocer jerarquías, maneras de relacionarse con los colegas, con profesores importantes y especialistas de prestigio. Y esas relaciones le permitieron abrir el ámbito de sus contactos, accediendo la especialistas internacionales en un momento en el que la ciencia española permanecía bastante alonxada de la europea.

Cuando a primeros de los años sesenta Seoane retornó a Galicia era un naturalista con la vocación consolidada, que había alcanzado el entrenamiento práctico y la preparación teórica precisa para abordar la catalogación de la Flora y de la Fauna del país, pero la ausencia de bibliografía especializada y de colecciones lo obligaban a depender de las consultas con expertos de fuera.

El idóneo proceso formativo y el favorable panorama que se le presentaba no estuvieron exentos de un problema que con posterioridad alcanzaría una amplia dimensión y trascendencia. Seoane arrastraba ya de los años previos a la vuelta Galicia una fuerte incomodidad por lo que consideraba escasa consideración de sus contactos científicos. En 1860 pensó en dejar su labor, el enfrentamiento con las primeras dificultades los presentan a uno Seoane alejado del científico nuevo y animado de sus años previos y los muestran un individuo la quien le cuesta trabajo aceptar los lógicos contratiempos. Empezó una sucesión de quejas y enfrentamientos que lo acompañarán en el resto de su actividad y que agudizarán el desánimo causado por las dificultades encontradas para desarrollar su labor en Galicia.

El momento crítico fue superado por una afortunada circunstancia, la creación del Instituto de A Coruña. Con ocasión del establecimiento del Instituto de enseñanza media en 1862 (Meijide, 1991) fue nombrado “sustituto de Elementos de física y química y Nociones de Historia Natural”. Ejerció la labor docente el curso 1863-64, atendiendo a la enseñanza de la Historia Natural y de la Física y Química, ocupándose del Gabinete de Historia Natural y realizando observaciones metereolóxicas, como ayudante de la estación ubicada en el Instituto.

Al final del curso deseaba continuar impartiendo docencia en el Instituto, sus amplios conocimientos en Historia Natural y la estupenda colección que había confeccionado parecían avales de sobra. Pero las normas le exigían el grado de Bachiller en Ciencias, titulación de la que el naturalista carecía y, molesto por las dificuldades, cesa el 10 de octubre de 1864, sustituido por Ramón Mariñas Lafuente. El malestar de Seoane provocó que diversas colecciones que había previsto donar habían ido a parar la otras instituciones (Pulido, 1874).

La situación lo obligó a retornar a su ciudad natal, donde alcanzó el puesto de médico interino en el Hospital de la Marina. Otra vez vuelve a pensar en abandonar las investigaciones y colecciones. Cuestiona un futuro en el que, como en otras ocasiones, se siente “utilizado” por sus maestros. El desencanto y los lamentos se asientan en su personalidad, dando paso a un hombre en el que aparece un carácter difícil y un cierto victimismo, no exento de contradicciones, pues gusta de exhibir contactos con los mismos que critica, factor que va sobresaliendo cada vez más en las formas del naturalista.

Pero no permanece inactivo. En ese tiempo hizo algún intento de acceso a la docencia pública y continúa la labor, publicando la Reseña de Historia Natural de Galicia (Seoane, 1866) (Fraga, 1996), un trabajo que surge de una invitación de un ver amigo, Manuel Murguía, para participar en la redacción del libro de este dedicado a la Historia de Galicia. También realiza observaciones meteorológicas, asiste a Graells cuando este realiza la exploración de las costas cantábricas (1869) y, incluso, presta atención al polémico tema del alcantarillado de Ferrol (Díaz-Fierros, 2001).

Una circunstancia vino a cambiar la vida de Seoane. El 8 de octubre de 1869 se casó con Francisca Riobóo Álvarez (1834-1919), de familia hidalga, que disponía de importantes propiedades, como los pazos de Torres de Allo (Baio) y la Casa Grande de Cabanas, además de otros en Ordes, As Encrobas y numerosas propiedades (Martínez Barbecho, 1978).

La boda supuso un cambio notable para la vida de Seoane y repercutió en su labor científica. Pasó de ser un médico interino con escasos recursos a convertirse en rico propietario agrícola. Para poder atender mejor la administración de las numerosas propiedades “ubicadas en 48 ayuntamientos de Galicia”, empezó en 1874, en Santiago, los estudios de Derecho, que remató en Oviedo. E inició una nueva forma de vida, que incluye el establecimiento de la familia en A Coruña, en la que residiría hasta su muerte, pasando el verano en el pazo de Cabanas.

Liberal de inclinaciones progresistas, próximo a las posiciones políticas de Eugenio Montero Ríos, debió encontrarse cómodo en el ambiente coruñés de la Restauración. En la ciudad participó de la vida social, económica y cultural, figurando en múltiples iniciativas (como la creación de la Sociedad Económica o de Folklore gallego). Entre las personalidades ciudadanas mantuvo amistad con personas como Andrés Martínez Salazar, Manuel Murguía, Eduardo Pondal, Vicente Abad, Ramón Pérez Costales, Emilia Pardo Bazán, el médico Rodríguez, etc. También participó en las reuniones de la denominada "cova céltica", juntas informales de los "regionalistas" liberales.

Se mostró interesado por la vida científica coruñesa. Tomó parte activa en una iniciativa inédita, llevada a cabo en 1886, para intentar de establecer en estas costas a primera Estación de Biología Marina de España (Fraga, 1992). También participó en la iniciativa ciudadana para alcanzar la localización en Coruña de la que sería a Granxa agrícola, que estuvo instalada en la zona de Monelos.

Pasado un tiempo del casamiento, Seoane vuelta a su labor naturalista con nuevos alientos y medios. Continou coleccionando y donando objetos naturales y retomó sus pesquisas aplicando los conocimientos adquiridos en su período de formación. Pero el panorama social y científico habían mudado. Los cambios políticos del sexenio (1868-1875) trajeron una cierta libertad que permitió la difusión de novedades científicas. Asimismo, entre los naturalistas se observa una creciente especialización e institucionalización, con la creación, en 1872 de la importante Sociedad Española de Historia Natural, una entidad promovida por especialistas nuevos, con destacado peso de los krausistas. Seoane observa el proceso, se une a la Sociedad, pero mantiene las principales relaciones de trabajo con la gente de su generación.

Esos cambios en la comunidad científica acontecen de una manera pareja con notables modificaciones en la forma de hacer ciencia entre los estudosos de la naturaleza. Seoane se había formado como naturalista siguiendo un modelo científico, el cuvierismo, la propuesta de Georges Cuvier (1769-1832). Desde esa perspectiva, el taxónomo sería un catalogador que intentaba ubicar cada taxon en el suyo “sitio natural”, en el que el Creador lo había colocado, dentro de los tres “Reinos de la Naturaleza”. Sin embargo, esa tradicional Historia Natural fue mudando y compartiendo protagonismo con una nueva ciencia que estudiaba el conjunto de los fenómenos vitales, la Biología. Y el darwinismo fue básico en los cambios acontecidos.

Por lo tanto, cuando Seoane retomó la labor naturalista el contexto había variado sustancialmente. Y lo comprobó a ojos vistas y contundente cuando aplicó las viejas concepciones y metodologías. Uno de los grupos zoológicos en los que centró las pesquisas fue el de los anfíbios y reptiles, los herpetos, publicando el primer catálogo de esos animales en Galicia (Seoane, 1877). Fernand Lataste (1847-1934), el grande herpetólogo francés, daría a la luz un severo comentario, “Les reptiles de lana Galice-M. Sevano (sic)” (Lataste, 1878). Valioso documento, en el que Lataste utiliza el catálogo de Seoane como ejemplo de trabajo científico obsoleto e incorrecto.

El malestar causado en Seoane fue muy grande. Este episodio va a tener una notable influencia en su futura actividad científica. De una manera directa, por mor de la crítica y de la relación que establecerá con Lataste y con otros importantes especialistas, y de forma indirecta, por el estímulo que supuso en su labor.

En los años ochenta, los de su madurez, diseñó y aplicó una hábil y compleja estratexía creativa para “desde sus particulares circunstancias” alcanzar éxitos científicos. Utilizó sus medios económicos para viajar y conocer museos, suministrarse de abundante bibliografía especializada, materiales y objetos naturales y editar él mismo algunas de sus publicaciones. Por otra parte, abordó una colosal obra de recogida y estudio de ser naturales. Para disponer de ejemplares, los compró, realizó numerosas salidas al campo y recurrió a recolectores. Incrementó de manera notable los contactos con especialistas, accediendo a algunos de los maís salientables de las Ciencias Naturales europeas. Con estos colegas estableció comunicaciones sucesivas y cruzadas, en las que solía enviar e intercambiar numerosos ejemplares e información, realizando consultas de manera múltiple.

Asimismo, si bien mantuvo una atención constante a todos los seres vivos, con la idea de la elaboración de una Historia Natural de Galicia, concentró su principal labor en los Vertebrados, en un lógico proceso de especialización que la época demandaba. Y ademáis, hace falta subrayarlo, modificó el enfoque de trabajo, aprendió a seleccionar taxons en los que era más factible obtener novedades, en la busca del éxito y reconocimiento científico. Y aprovechó las Exposiciones como un foro idóneo para desarrollar su gusto por el coleccionismo natural y la actividad como propietario agrícola, alcanzando al mismo tiempo un notable protagonismo.

En el plano teórico y metodológico, Seoane mostró una importante capacidad para percíbir los cambios que incidieron en la Ciencia de su tiempo y asumirlos parcialmente. Hubo un proceso de “adaptación”, de asimilación parcial de las novedades, por ejemplo el darwinismo, del que buscó el que le podía aportar en su trabajo de discriminar ser (Fraga, 1989b, 2002).

Si atendemos a los resultados convencionales obtenidos, la estrategía científica de Seoane, su labor creativa, alcanzó un éxito general. Pero, como vamos a ver, una parte notable de esos brillantes resultados están contaminados por los espurios métodos que utilizó en su consecución (Fraga, 2007).

En el estudio de la biografía científica de Seoane habíamos apreciado errores o elementos confusos de diferente importancia (Fraga, 1992). Entre ellos, nos llamó especialmente la atención algunos de los contenidos de la publicación de 1870 denominada “Aves nuevas de Galicia?” (Fraga, 2007). Otro tema que también nos parecía sorprendente fue lo de la descripción por Seoane de dos herpetos en base a los ejemplares supuestamente recogidos por su hermano José Domingo en las islas Filipinas (Fraga, 1992). Gracias al estudio de la correspondencia de Seoane pudimos concluir que el autor intelectual y material del trabajo fue Oskar Boëttger (1844-1910), quien, en base a los dibujos y datos remesados por Seoane, elaboró la descripción del nuevo género de herpeto.

Abilio Reig comprobó que Seoane había llevado a cabo un claro fraude científico en el ámbito ornitológico (Reig, 2001). Demostró que se atribuyó falsamente el descubrimiento de dos especies, Gecinus Sharpei y Perdix hispaniensis, a las que denominaría Gecinus viridis galliciensis y Perdix cinerea charrela. Reig considera que publicó con fecha fraudulenta tres folletos: Revisión de él Catálogo de las Aves de Andalucía, Aves nuevas de Galicia y Examen crítico de lanas perdices de Europa, supuestamente editados en 1870 los dos primeros y en 1891 el tercero, cuando las tres publicaciones son del año 1894. Pudimos profundizar en esa tesis al estudiar la relación con Anton Reichenow (1847-1941), responsable de Ornitología del Museo de Ciencias Naturales de Berlín. La localización de dos cartas de Reichenow nos permitió confirmar el fraude (Fraga, 2007).

Esta perversión de la originalidad científica provoca efectos desvastadores en la credibilidad personal de Seoane y en la valoración de su obra. Y los llevan a dudar de las fechas reales de publicación del resto de las ediciones propias, básicamente del folleto Identidad de Lacerta schreiberi (Bedriaga) y Lacerta viridis var. gadovi (Boulenger) e investigaciones herpetológicas de Galicia (Seoane, ¿1884?: 1885). Su revisión los confirmó que la fecha de edición de 1884 no se debe corresponder con el momento real de la publicación, que pudo ser 1885.

Atendiendo la diversas testigos de Seoane entendemos que el fraude surgió como reacción a la supuesta desatención de los grandes especialistas (Fraga, 2007). Probablemente tenía razón cuando se quejaba del trato recibido en algunos casos, pero nada especial en las relaciones habituales entre las figuras académicas y el resto de los investigadores; un trato paternalista y condescendente que pudo resultarle especialmente irritante a Seoane.

El fraude se genera en el proceso seguido por la actividad científica en su segunda etapa. En Herpetoloxía se encontró con buenas expectativas de éxito, de encontrar novedades. Pero, frente a esas excelentes perspectivas, vio, con dolor, como otros científicos se le fueron adelantando en la descripción de nuevos taxons de animales de aquí y bien conocidos por él. Con la modificación de fecha en el folleto Identidad, cambio posible al ser él quien se hace cargo de su propia edición (con la ayuda del impresor Vicente Abad), decidió incorporar la descripción completa de Lacerta schreiberi y hacer una cierta crítica a Lataste, Boulenger y Bedriaga. Realizó un primero fraude, más limitada que las posteriores, por fechas y contenidos. Partió de una cierta confusión en el tema, recogió las opiniones de los expertos y modificó la fecha de publicación, ensayando un sistema y que utilizaría posteriormente.

En el caso de las Aves, Seoane había dejado la labor ornitológica en los años 60 y lo retoma en los ochenta (Fraga, 1992). Esa vuelta tuvo mucho que ver con la aparición por esos años de diversos trabajos críticos con sus publicaciones. Seoane, con la publicación de la “Revisión” (Seoane, ¿1870a?: 1894) pretendería disculpar sus errores. Y con “Aves nuevas” (Seoane, ¿1870b?: 1894) desearía ganar la prioridad sobre la descripción del Gecinus Sharpei de Saunders (1872). Y, por último, cuando Reichenow publica en 1892 sobre perdices desencadena una febril actividad de Seoane y “lo obliga” a publicar un artículo, “Sur deux nouvelles formes de Perdrix d?Espagne” (Seoane, 1894), y remitir a una publicación fraudulenta de 1891 (Seoane, ¿1891?: 1894) para disfrutar de la prioridad.

Seoane no fue quien de soportar la tensión generada por las dificultades que encontró para alcanzar éxito en la descripción de nuevos taxons y traspasó la frontera que existe entre la excelencia y el delito. La mortificación de verse adelantado por otros colegas debió ser una carga excesiva para su persoalidade narcisista. Y transfirió un carácter doloso a las fantasías con las que siempre había adornado su currículo.

Cometió el fraude como una elección personal más en su comportamiento incidieron determinadas circunstancias y un contexto institucional. En primer lugar, debemos reparar en que la relación entre investigadores y grandes expertos suele moverse en un ambigüo terreno entre la cooperación y la competencia (Grafton, 2001). Las tareas emprendidas eran complejas y requerían un asesoramiento continuo y muy cualificado que solo los expertos de vanguardia podían suministrarle. De hecho, sus contribuciones científicas genuinas son deudoras, en bastante medida, de las ayudas disteis figuras, algo que, por otra parte, le acontecía a numerosos científicos. Eso permite entender mejor a ambivalencia y duplicidad en su trato, sujeto la una dependencia que por momentos lo fastidiaba o, simplemente, hería su vanidad y provocaba un resentimiento, favorecido por un carácter susceptible, poco dado a encajar las críticas. Pero, en segundo lugar, la relación dependiente nacía de una objetiva inferioridad de medios para la labor científica frente a los especialistas europeos.

  1. Fuentes
    1. Manuscritas
      • Expediente Persoal de Víctor López Seoane, Arquivo Histórico Universidade (Santiago de Compostela), cartafol 739, nº 20.
      • Biblioteca científica López Seoane, manuscritos, Instituto “José Cornide” de Estudios Coruñeses (A Coruña).
    2. Impresas
      • En alguna aparece la fecha indicada por el autor entre interrogantes y, al lado, la fecha que se le atribuye ahora.
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      • (1861-63): Fauna Mastológica de Galicia, Santiago: M. Mirás.
      • (1862): Réplica a las observaciones hechas por D. Pedro Saínz Manteca, al Catálogo de las Aves de Andalucia, Revista Ibérica, 4: 462-467.
      • (1866a): Reseña de la Historia Natural de Galicia, Lugo: Impr. Soto Freire, 66 pp
      • (1866b): Catálogo de las colecciones ornitológicas regaladas por D. Victor López Seoane, Memoria Instituto de Pontevedra, 33-43. Pontevedra.
      • (¿1870 a?: 1894): Revisión del Catálogo de Aves de Andalucia, A Coruña: Impr. V. Abad, 18 pp
      • (¿1870 b?: 1894): Aves nuevas de Galicia, A Coruña: Impr. V. Abad, 11 pp e 2 lámns.
      • (1877): Catálogo de Anfibios y reptiles de Galicia, Anales Soc. Esp. Hist. Nat., VI: 349-358.
      • (1878a): Die Orthopteren der Spanisch-Portugiesischen Halbinsel, Stettiner Entomologische Zeitung, 7-9: 365-376.
      • (1878b): Ephippiger du Nord de l'Espagne, Ann. Soc. Entom. Belg., XXI: LXX-LXXIV.
      • (1878c): Sur la destruction par les Termites d'un navire de guerre spagnole au Ferrol, Ann. Soc. Entom. Belg., XXI: CCXXV-CCXXVII.
      • (1878d): Notas para la fauna gallega, Ferrol: Impr. de "El Eco Ferrolano".
      • (1879): Description de deux orthoptéres nouveaux d'Espagne, Bulletín Soc. Entom.Suisse, V: 485-487.
      • (1880): Neue Boidengattung und Art von den Philippinen, Senckenb. Naturf. Gesellsch. , XII: 217-223.
      • (¿1884?: 1885): Identidad de Lacerta schreiberi (Bedriaga) y Lacerta viridis var. gadovi (Boulenger) e investigaciones herpetológicas de Galicia, A Coruña: Impr. V. Abad.
      • (1885): On two forms of Rana from N.W. Spain, The Zoologist, 9: 169-172.
      •  
      • (1890): Nouvelle espece de Batracien Anoure des Iles Philippines, Mémoires de la Société Zoologique de France, III: 206-210.
      • (¿1891?: 1894): Examen crítico de las Perdices de Europa, particularmente de las de España y descripción de dos nuevas formas de Galicia, A Coruña: Impr. Vicente Abad.
      • (1894): Sur deux nouvelles formes de Perdrix d'Espagne, Mémoires Société Zoologique France, VII: 92-97.
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